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PEQUEÑOS HERMANOS DE GUATEMALA.

Sí pusiésemos un mapa del mundo en la pared y tuviésemos chinchetas multicolores para clavarlas en los países donde la miseria se escribe con mayúsculas y donde nuestra gente ha dado lo mejor de sí para paliar tanta injusticia solo nos quedaría el mar.

En 1954 un niño fue arrestado por robar la caja de limosnas de una parroquia en Cuernavaca, Morelos, México. Un joven sacerdote, de los Estados Unidos, Padre William Wasson, no presentó cargos contra el joven “porque tenía hambre” y, en lugar de hacerlo, pidió la custodia del muchacho. Una semana después el juez le mandó ocho muchachos desamparados más. Al final del año, ya había 32 niños, y así nació “Nuestros Pequeños Hermanos”. Más de 20.000 niños se han criado en la familia de NPH, la cual tiene casas operando en México, Honduras, Haití, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, República Dominicana, Perú y Bolivia. Actualmente más de 3300 niños/as son cuidados en un ambiente de amor y seguridad. Nacido el 21 de diciembre de 1923, en Phoenix, Arizona, el Padre William B. Wasson casi inmediatamente después de ser ordenado sacerdote estableció una guardería para niños pobres. El Padre Wasson dedicó los últimos 50 años de su vida sirviendo como padre, proveedor y maestro para niños huérfanos, pobres y abandonados. El 16 de Agosto de 2006 el Padre Wasson murió en Cottonwood, Arizona.

Dos de nuestros adelantados más comprometidos, Eduardo Briones y Pilar Fernández, que han aparecido en esta serie de artículos con sus proyectos de Ecuador y República Dominicana, fueron los encargados en el año 2008 de llevar la luz del valencianismo solidario hasta NPH Guatemala. Este proyecto pretendía la inscripción de dos equipos de jóvenes acogidos en el orfanato en la liga municipal de Parramos, departamento de Chimaltenango para cumplir un sueño de los jóvenes como era participar en un torneo regular que además les hacía crecer en valores, mejoraba una infancia muy difícil en muchos casos pues la mayoría son huérfanos, abandonados a su suerte en las calles y con falta grave de medios y prioridades que hicieron que nunca pudiesen llevar un uniforme o ser arbitrados por árbitros reglamentarios. Así se brindó la oportunidad a 44 jóvenes y niños a los que se les pagó las inscripciones en la competición, se les compraron las botas, los uniformes y se hizo el pago de arbitrajes. Esto también permitió sociabilizar a estos jóvenes con los jóvenes de otros equipos para sentir que el mundo era más grande que el del pequeño microcosmos de las cuatro paredes de su institución.

Puede parecer muy obvio, pero recordar a estos muchachos normas elementales para el desarrollo del deporte insertadas dentro de las oportunidades que la Penya Valencianista per la Solidaritat les procura es nuestra obligación. Nuestra misión es formar a niños y jóvenes acogidos en estas casas hogares para que sean sobre todo personas responsables y por ello cada uno de los jugadores debe observar en la cancha de juego un comportamiento y una actitud intachable y acorde con los valores de la institución donde la deportividad y el compañerismo entre los jugadores deben siempre prevalecer sobre los resultados del juego. Por tanto se recuerda con insistencia que está prohibido desanimar al compañero y se acepta que las indicaciones de juego deben ser dadas por el capitán del equipo con educación y respeto, se felicita y anima a los jugadores para darles confianza, se les inculca el máximo respeto por los árbitros y los jugadores del equipo rival, que no son adversarios sino que nos ayudan a mejorar, está prohibido insultar escupir o golpear con mala fe al adversario y al campo de juego se debe llegar y salir todos juntos en equipo pues esta es una gran familia, la gran familia del valencianismo solidario.

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